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El “Efecto Bolsonaro”: La fuga a EE. UU. como refugio VIP ante la justicia en América Latina

27 de octubre de 2026

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La historia en el tablero geopolítico del continente vuelve a repetirse como un guion perfectamente ensayado. Flávio Bolsonaro, heredero político y excandidato presidencial del clan ultraderechista brasileño, desafió abiertamente las órdenes de la Corte Suprema de Brasil al salir del país con rumbo a Estados Unidos para solicitar refugio y visas diplomáticas para su familia. La maniobra no solo evade el cerco judicial por corrupción y lavado de dinero que se cernía sobre él en Brasilia, sino que reactiva una fórmula que cuestiona la efectividad de la justicia frente al poder político: la huida estratégica amparada por redes aliadas en el extranjero.

El senador, que acaba de caer en las urnas ante Luiz Inácio Lula da Silva, replicó el patrón exacto utilizado por su padre, Jair Bolsonaro, cuando abandonó el territorio nacional en diciembre de 2022 antes del traspaso de mando. Pese a que el juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal (STF), le prohibió salir del país y le ordenó la entrega inmediata de sus pasaportes ante el riesgo eminente de fuga, el legislador voló directamente hacia Florida. En Estados Unidos, la administración de Donald Trump confirmó la recepción del excandidato y el otorgamiento de visados, dejando en papel mojado las medidas cautelares de la justicia brasileña.

Más allá del escándalo mediático, esta salida expone una fisura crítica en los mecanismos internacionales de rendición de cuentas. Flávio Bolsonaro no solo carga con la derrota electoral de más de 60 millones de votos; enfrenta investigaciones formales por presuntos entramados de lavado de dinero, desvío de recursos y evasión de divisas ligados a transferencias millonarias hacia cuentas en el extranjero. Al convertir a Florida en un santuario para la cúpula golpeada del bolsonarismo —donde ya residen operadores clave como su hermano Eduardo—, se establece un precedente preocupante: las urnas dictan sentencia en las calles, pero el asilo político internacional sigue funcionando como un salvoconducto de impunidad para las élites cuando la justicia doméstica toca a su puerta.

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