Censura, acuerdos bajo la mesa y favoritismos: El verdadero trasfondo del ‘Derecho a las Audiencias’
6 de agosto de 2026
Nacional
La administración de la doctora Claudia Sheinbaum ha vuelto a encender los focos rojos en la industria de la comunicación con un ambicioso y polémico esquema: “El Derecho a las Audiencias”. Lo que desde Palacio Nacional se maquilla como una regulación necesaria, en las redacciones y los estudios de grabación se lee sin ambages como un intento deliberado de control y censura. La estocada no va dirigida únicamente a la radio y la televisión tradicional; el plan busca expandir sus tentáculos hacia la prensa escrita y el agitado terreno de las redes sociales.
La respuesta del gremio no se ha hecho esperar. Comunicadores, periodistas, conductores, noticieros y dueños de medios han alzado la voz para mostrar un rechazo frontal a lo que consideran una bota autoritaria sobre la libertad de expresión. Analistas y expertos en la materia coinciden en un diagnóstico lapidario: este proyecto, tal como está planteado, no pasará o tendrá que sufrir modificaciones de fondo ante la inminente inconstitucionalidad y la presión del sector.
La lista negra y los consentidos del régimen
Toda esta confrontación escaló —quizá sin querer queriendo, o con toda la calculada intención de marcar el terreno— cuando la propia presidenta de México ventiló públicamente el mapa de ruta sobre con qué medios sí trabaja el gobierno, a quiénes se les inyecta jugosa publicidad oficial y qué personajes afines, escudados en sus cuentas de redes sociales, operan como altavoces del discurso oficial.
En la otra cara de la moneda, la radiografía del castigo político y económico es evidente. Entre los señalados y marginados del presupuesto gubernamental figuran sin tapujos gigantes de la información como Reforma, El Universal y Radio Fórmula, por mencionar sólo a los blancos más visibles del desdén oficial.
Mientras el destino final de “El Derecho a las Audiencias” permanece en el terreno de la incertidumbre legislativa y jurídica, lo que ya quedó grabado en piedra es el nuevo mapa de los afectos presidenciales: Tevisa y los favoritos de la doctora Sheinbaum se consolidan como los grandes beneficiados de la nueva relación entre el poder y los medios. La narrativa oficial se blinda, pero la fractura con el periodismo independiente es ya irreversible.




