Recetas cannábicas y prioridades torcidas: Cuando la Suprema Corte prefiere legalizar la cocina de brownies que rescatar el nivel educativo del país
10 de septiembre de 2026
Nacional
Mientras los indicadores internacionales y las evaluaciones nacionales colocan al sistema educativo de México en una crisis terminal —con rezagos históricos en comprensión lectora, matemáticas y deserción escolar—, los altos mandos del aparato de justicia nacional parecen sintonizados en una frecuencia completamente distinta y desconectada de la realidad social. En un país donde las aulas se caen a pedazos y los estudiantes arrastran deficiencias estructurales irreparables, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidió enfocar sus luces y su debate jurídico en asuntos de alta cocina recreativa.
En una resolución que raya en lo absurdo y que confirma la peligrosa desconexión de los ministros con los problemas reales de la nación, el Pleno de la Corte determinó que la autorización para el autoconsumo personal y recreativo de la cannabis (marihuana) incluye de manera formal la preparación de alimentos. ¡Sí, leyó usted bien! De acuerdo con el criterio del Máximo Tribunal, cocinar platillos, elaborar postres, pastelitos, gomitas o paletas utilizando THC para el consumo personal constituye una simple actividad culinaria ordinaria y no una fabricación sujeta a un régimen sanitario especializado.
Ante semejante priorización de la agenda judicial, al ciudadano común no le queda más que dos sopas: o de plano los ministros y ministras de la Corte se metieron de lleno en una realidad paralela, o la afición por la hierba verde se ha convertido en el pasatiempo favorito dentro de los recintos donde debería imperar el rigor republicano y el análisis de los verdaderos flagelos del país. Resulta insultante que, mientras las familias mexicanas enfrentan una cuesta de enero permanente, inflaciones voraces, violencia desbordada y una educación pública que condena a los jóvenes a la mediocridad laboral, el máximo tribunal del país gaste tiempo y recursos en avalar el libre tránsito de los brownies mágicos y los antojos cannabicos bajo el amparo del «autoconsumo».
Por supuesto, la resolución aclara que esta medida no abre la puerta a la comercialización masiva ni a la venta libre en la esquina —limitándose supuestamente al ámbito estrictamente privado y personal—, pero el mensaje político e institucional que se manda es desastroso. Demuestra que las élites judiciales están más ocupadas en garantizar derechos recreativos de vanguardia hípster que en exigir cuentas claras sobre el derrumbe de las instituciones básicas del Estado mexicano.
México se sigue desangrando en rubros fundamentales como la seguridad, la economía familiar y la educación, pero eso sí: si usted quiere hornear un pastelito con marihuana en la comodidad de su casa sin que la ley lo moleste, ya tiene a la Suprema Corte velando por sus intereses culinarios. ¡Una verdadera burla para un país hambriento de justicia social y de educación de calidad!




