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Polo, el huracán, que no se quiso ir de México

29 de septiembre de 2026

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La temporada de ciclones tropicales suele dejarnos lecciones severas, pero pocas tan implacables como la que ha protagonizado el huracán Polo. Lo que pintaba para ser un meteoro más en las estadísticas del Pacífico se convirtió en una auténtica prueba de resistencia para el noroeste del país, demostrando que la naturaleza no cede ante treguas geográficas y que su furia, cuando decide estacionarse, golpea sin contemplaciones a las comunidades más vulnerables.

Tras un recorrido histórico y devastador que lo catapultó a las alturas de la categoría 5 en la escala Saffir-Simpson —poniendo en vilo a estados del suroeste—, Polo cumplió su amenaza de mantener en vilo al país al tocar tierra con una fuerza destructiva descomunal en la medianoche del martes como un huracán de categoría 3 al sur de Las Barrancas, en Baja California Sur. El impacto inicial no fue menor: paralizó actividades, obligó a la suspensión general de clases y forzó la apertura de decenas de refugios temporales ante la inminencia de vientos huracanados y un oleaje histórico que amenazaba con devorar las costas.

Sin embargo, el fenómeno se resistió a disiparse con rapidez. En una maniobra de persistencia destructiva, cruzó el Golfo de California para propinar un segundo impacto en territorio nacional a mediodía de este martes, ingresando por el sur de Guaymas, Sonora, ya debilitado como tormenta tropical o categoría 1, pero cargado de un poder hidrometeorológico letal. Las consecuencias no tardaron en manifestarse: inundaciones severas, colapsos viales, daños estructurales en viviendas y afectaciones profundas en municipios sonorenses y estados circunvecinos como Sinaloa y Chihuahua, donde las bandas nubosas reforzaron precipitaciones torrenciales de hasta 250 milímetros.

Desde una perspectiva crítica, el paso de Polo deja al descubierto las vulnerabilidades endémicas de nuestra infraestructura costera y urbana ante fenómenos cada vez más extremos. Aunque los protocolos de Protección Civil y la activación de planes de emergencia lograron contener una tragedia mayor en términos de vidas humanas, el saldo material y el impacto en el sector primario de la región norteña evidencian que México sigue marchando a contrarreloj frente a la crisis climática. Polo demostró que no solo vino a azotar el litoral, sino que se negaba a irse, dejando una estela de daños que exigirá una reconstrucción profunda y una revisión urgente de nuestras capacidades de respuesta ante huracanes de alta peligrosidad.

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