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¿Negocio redondo?: Donald Trump va por el control económico del fútbol mundial.

11 de agosto de 2026

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Mientras la resaca económica del recién concluido Mundial 2026 sigue generando debates financieros, la geopolítica y los intereses corporativos han colisionado de forma abierta en el deporte más popular del planeta. Como si el expresidente estadounidense no tuviera suficientes frentes abiertos en su país, Donald Trump se ha metido de lleno en la grilla de la FIFA para otorgarle un respaldo irrestricto y absoluto al polémico mandamás del organismo, Gianni Infantino. Ante este escenario de alianzas corporativas y amenazas de ruptura global, la gran incógnita analítica se impone sin filtros: a Trump y a la cúpula de la FIFA, ¿realmente les importa el fútbol como deporte o única y exclusivamente por el jugoso signo de pesos?

El trasfondo de esta tormenta no es precisamente táctico ni deportivo, sino una disputa descarnada por el control de miles de millones de dólares. Recientemente, el intento desesperado de Infantino por impulsar una filial comercial orientada a vender un porcentaje sustancial de los derechos y beneficios del Mundial a fondos de inversión privados —un pastel valuado en más de 4,200 millones de dólares donde rondaban tentáculos financieros cercanos al círculo familiar de Trump, específicamente a través de figuras como Joshua Kushner— provocó un cisma histórico.

La respuesta de las grandes potencias del balompié no se hizo esperar. La UEFA, la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) y Concacaf lanzaron una ofensiva frontal contra Infantino, acusándolo de un «quiebre fundamental de confianza» y de tratar de hipotecar el futuro de la disciplina con fines de lucro corporativo. Ante el colapso de su plan privatizador y con una creciente rebelión interna que amenaza con boicots y torneos independientes, Infantino acudió a las redes de su aliado político más poderoso: Donald Trump.

La reacción de Trump en su plataforma Truth Social no dejó lugar a dudas, advirtiendo severamente a la familia futbolística que remover a Infantino sería un «error terrible» porque nadie más podría garantizar los mismos niveles de rentabilidad y éxito financiero. Con un Mundial 2026 que rompió récords históricos al superar los 9,000 millones de dólares en ingresos, el apetito voraz del capital estadounidense por exprimir comercialmente las estructuras de la FIFA quedó plenamente al descubierto.

Desde la trinchera de RC Noticias México, el diagnóstico es claro y crítico: la FIFA dejó de ser una asociación civil orientada al fomento deportivo para operar como un conglomerado financiero transnacional, vulnerable a los caprichos de la política y el gran capital. Infantino sobrevive en la cuerda floja gracias a padrinos políticos que ven en la pelota una simple mercancía, mientras los aficionados y las bases del deporte pagan los platos rotos de una mercantilización sin freno.

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